Come on!

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jueves, 3 de marzo de 2016

Oscura adicción...

La noche, dulce compañera del insomnio. Ay, la noche… Bendita adicción al silencio y la soledad ocasional. Uno de los placeres menos valorados y más sencillos, aquí no hay luz, no hay opiniones y el tiempo se para hasta que el sol llega con su incesante rutina. Lo confieso, soy adicto a la oscuridad y al silencio, a mis pensamientos más retorcidos que cuando llega el día pierden todo sentido, quizá asustados por la luz de otras personas, tal vez tan orgullosos que huyen del rechazo de la muchedumbre o simplemente tan míos que nunca deberán pertenecer a nadie más. La luna sabe darme la intimidad que necesito, siempre está de espaldas, sabe que no quiero que me escuche pero igualmente su presencia sigue ahí, empática y fiel a su recorrido solitario. Yo tampoco la molesto, nunca fui de mirar estrellas, sé  que están y prefiero no gastarlas con miradas indiferentes. Hay detalles en la vida que es mejor saborear de cuando en cuando, para que nuestro paladar no quede insensible a su belleza.

La noche, cobijo de mis sentimientos más íntimos, donde puedo explotar sin ser visto, sin luz, sin ruido, sin despertar a nadie. Soy yo el que está despierto mientras otros duermen, creyéndome egoísta por adueñarme de ese privilegio, de poder pensar en todo y en nada mientras las horas pasan y nadie llama al teléfono. Solo estoy yo, conmigo. Parando el tiempo en algún lugar siempre bajo el mismo techo, el guardián de mis secretos, tan fiel y honrado que no sé si los conoce, ni siquiera a mí me los contará jamás.

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