Nos encanta dañarnos, hacernos daño, engañarnos, jugar,
mordernos, perdernos… Nos encanta el riesgo, el saber que puedes morir por
alguien en un segundo y que alguien muera por ti. Que quizá no haya otro beso,
por eso ese beso es único, último quizá solo en ese instante hasta que llegue
otro e irrepetible hasta que se demuestre lo contrario.
Porque la vida sin tomar riesgos no se disfruta. Porque los
amores que no se van a ir no se luchan, no se echan de menos, no se les hace el
amor igual… No es tan amor.
¿Cómo vivir sin perder nada? ¿Cómo disfrutar un triunfo sin
un rival? ¿Cómo querer ganar si no hay nada que te quite la respiración si
pierdes?
La verdadera esencia en esto de querer es el sentir que
quieres que se pare el tiempo, que no haya un futuro cercano, que el momento de
tu vida se está gastando y no sabes si existirá otro mejor. Que amanece y la
noche acaba, que ese beso entre los primeros rayos de luz puede ser el mejor de
tu vida y quizá el último con la persona por la que darías todo por ver sin
peinar todas las mañanas, sonría o no, que ya te encargarás tú de ello.
Sin riesgos no tiene gracia, que sin una riña no hay amor
por recuperar, no hay amor que hacer, no hay quien haga el amor luchando por él.
Quiero
disfrutar el más dulce de tus besos,
solo si
prometes morderme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario