¿Te
has parado a pensar alguna vez en el placer gratuito de la desconexión? Para
que nos entendamos, tirarte en la cama panza arriba (la posición depende de la
caída únicamente) sin moverte, sin pensar, soltando todo el aire como si
quedases vacío. ¿Nunca lo has probado? Venga, vamos, no me lo creo y si es así,
estás tardando en hacerlo.
Se
que es muy típico hablar de eso de que las pequeñas cosas nos hacen felices,
pero es que hay tantos pequeños gestos que nos hacen tanto bien…
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Que
te abracen cuando te resistes a que lo hagan.
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Esas
ganas de que la noche sea eterna cuando estás en buena compañía.
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Esa
pausa que suena a nuevo comienzo al ver anochecer en silencio.
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La
sensación de estar perdido cuando tu tren llega a una ciudad donde nunca has
estado, esa inocencia.
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Que
alguien que no conoces se interese en conocerte y sentirte importante para
alguien más en el mundo.
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Explicar
algo muy complejo y que te entiendan a la primera.
Y cada uno de esos besos en los que por alguna razón
se antojan a la vez en dos personas al mismo tiempo y ocurren, quitándole
fuerza a ese abrazo, haciendo eterna la noche, borrando el anochecer, haciéndote
sentir en casa por un instante aunque estés perdido, demostrando que eres aún más
importante para ese alguien y viendo como han entendido perfectamente lo que
querías, que es lo mismo que quieren contigo.
De esta
forma todo se unifica y cobra sentido, solo son algunas de las muchas cosas que
significa un beso porque, al fin y al cabo, un beso es una de esas pequeñas
cosas que nos hacen feliz, que a su vez incluye muchas otras cosas pequeñas en
su significado.
Es por ello que se dice que las pequeñas cosas en
la vida, en realidad, son las más grandes.
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