Come on!

Come on!

lunes, 18 de octubre de 2021

Todo el mundo tiene la razón

 Resulta muy frustrante a veces escuchar opiniones acerca de un mismo tema de personas con diferentes puntos de vista. Afortunadamente, la sociedad ha avanzado mucho y podemos encontrar personas que hablen desde la empatía y desde una mirada abierta, que abarque otras realidades distintas a la suya, pero sigue sin ser lo más habitual.

Frecuentemente te topas con personas que con más o menos cariño hacia ti, te indican (en el mejor de los casos) lo que tienes que hacer porque son ellas las que saben realmente cómo solucionar tu vida. La empatía escasea y no me extraña, requiere mucho trabajo salir de tu pequeña burbuja (o quizá diminuta sería el adjetivo correcto) y tratar de entender la realidad de los demás antes de hacer un juicio o lanzar una opinión.

A mi modo de ver, es más trabajoso que difícil, porque en realidad es algo que cualquier persona podría hacer, pero muchas veces y por desgracia no se observan los beneficios de una vida empática donde el lugar que deja el orgullo perdido lo ocupa el conocimiento y el aprendizaje.

Y no quiero terminar esta reflexión sin aportar algo que transforme esta queja en algo constructivo. Aunque coexistan personas empáticas y otras de pensamiento más cerrado, al final se puede aprender de cualquiera de ellas, siempre que te armes de una visión positiva y mucha tolerancia, porque a veces incluso quien menos querría enseñarte, lo hace y quien menos pensaría que pudiese aportar algo a tu vida, también. Al final todo consiste en saber apreciar cada momento y exprimir lo que se nos ofrece a diario, que, sea cual sea tu vida, no es poco. 

18 de octubre de 2021, hacía tiempo que no escribía.

sábado, 7 de noviembre de 2020

2020

 

Adolescentes

¿En qué momento se pierde esa inconsciencia que da vida? Ese todo o nada, ese sufrimiento tan potente como el placer que te da cualquier logro, cualquier derrota. Esas ganas de darlo todo por alguien, de no pensar más allá de lo que tenemos frente a tus ojos, aquí y ahora. Dar la oportunidad a cualquiera de poner patas arriba tu vida, sin motivos, solo por lo que dicta el corazón.

¿En qué momento el cerebro tomó las riendas?

Y aquí ando, con la tortilla al revés, toda la vida escuchando eso de “sentar cabeza” y ahora aliado de mi corazón, luchando contra la razón, no estoy hecho para dejar de vivir así, queda adolescente para rato, más viejo y curtido, pero no menos intenso, vivo.

martes, 2 de octubre de 2018

Con la lactosa tengo suficiente


No sé por qué tengo que llegar hasta este punto de mi vida para darme cuenta del daño que me puedo hacer, del que puedo hacer a quienes me quieren, de lo fácil que es la vida y lo que nos empeñamos en complicarla. Quiero dejar de ser lo que no soy, quiero fluir de nuevo, crecer, más que crecer volver a levantarme a la altura donde algún día estuve. Porque no se puede ir siempre a lo kamikaze por la vida, que esos textos ya quedaron atrás, ya aprendí de ellos. Ahora quiero seguir vivo, por mucho tiempo, porque la vida es preciosa y porque hacer feliz a quien te quiere es el mejor regalo que te pueden hacer.

Doy gracias de tener en mi vida a las personas que tengo, me doy gracias por ser como soy, con mis fallos, los de hoy, y en el futuro otros, seguro, seguro que son otros, porque yo puedo con estos y con más, porque la vida sigue y yo no voy a ser quien pare.

Doy gracias por estar vivo, y que, si haya algo que no pueda tolerar, que sea la lactosa, hoy, en el futuro ya veremos, que en el futuro quizá pueda hasta con ella.





Firmado: el Ernesto de 2018

miércoles, 26 de octubre de 2016

Rema, rema...

Sigo en mi melancolía discontinua. Cuando parece que se ha ido vuelve y ya pienso que es mi forma de vivir, cual carrera de coches, echando el freno de mano y parándome a pensar en mitad de la curva. Sé que mientras paro, en mi momento íntimo pueden darme un golpe, al fin y al cabo estoy en mitad de la carretera parado y solo. No creo que nadie se pare a preguntarme cómo estoy.

Esto no es más que un entresijo de metáforas que no llevan a ninguna parte, ni yo mismo las entiendo. Ahora mismo nada me da igual y todo importa, de vez en cuando hace falta. Hoy no vengo a motivar a nadie, solo vengo a escribir, a contarme lo que pasa para verlo desde fuera.

Creo que ando demasiado por las ramas, algo no va bien, pero va, que ya es mucho. Mi vida es una competición constante conmigo mismo donde me dejo ganar y lo sé. No engaño a nadie.
Las cosas van a cambiar, como siempre lo hacen. Mi futuro no es más que una gafa mal graduada donde todo parece lo que no es, lo que no será. Vivo con ello.

Simplemente no encuentro la forma de actuar bien, de conseguir lo que quiero aunque sé que tarde o temprano todo llega y, en mi caso, como tampoco sé dónde ir, cualquier puerto es bueno para atracar.
Veo la isla pero no voy hacia ella, no sé quién hay allí y por alguna razón sigo remando en busca de otra donde tampoco dormiré, esto no va de otra cosa que no sea un naufragio voluntario. En algún momento se pasará.

Estoy hablando mucho sin llegar a nada, no es nada raro en mí. Solo sé que sigo orgulloso de mi forma de vivir, de ser y de expresarme. Con eso me basta y no me sobra, quisiera que me sobrase… Basta de quejas por hoy, toca dormir. Hay luz en la isla, quizá si las apagasen atracaría. Quizá me perdería por el camino al no poder verla, pero en cualquier caso sería mi sitio y supongo que todos llegamos a nuestro destino tarde o temprano, con o sin luz.

Me alejo y sigo viendo luces, me quedo con mi oscura tranquilidad, otro día tal vez, a lo mejor no soy el barco que buscan, a lo mejor solo bajaré del barco cuando rompa contra la orilla, cuando no quede otra. Entonces se acabará mi naufragio, entonces encenderé las luces. 

jueves, 18 de agosto de 2016

Y voló

Se me está yendo de las manos. Un poco todo en general, pero joder qué bien sienta… Pasan los días como vueltas en al circuito, aquí solo importa pasarlo bien y romper el crono. Sin planes de futuro, a lo adolescente… ¿Maduraré algún día? A veces me lo pregunto.

¿Y qué es madurar? Sigo adelante, mis estudios, mis trabajos, mis ingresos, mis gastos, mi vida… Todo va como debería de ir. ¿Madurar es mejorar en mis notas? ¿Madurar es dejar de trabajar para estudiar de verdad? ¿Madurar es dejar de estudiar para trabajar de verdad? ¿Es madurar dejar de tomar cervezas con grandes conversaciones algún día entresemana?

¿Madurar es escribir algo políticamente correcto?


Esto no lo va a leer casi nadie, hoy no será un texto de esos que te dejan buen sabor de boca. Es simplemente un grito de libertad. Las cosas van bien, van como tienen que ir porque van como yo quiero que vayan, cualquier parecido con vuestra idea de la vida ideal es pura coincidencia… Sed felices.

lunes, 4 de abril de 2016

Daños colaterales

Con la vista ya cansada, una noche más frente a mi espejo interno, reflexionando lo que hice bien o mal desde la última vez que me vi las entrañas. Esta vez me paro a pensar en la dichosa colateralidad de la vida, quizá sea ella la razón de mi necesidad de independencia y soledad. Esa necesidad imparable que se ríe de la nicotina haciendo de mi vida un ir y venir constante de lo social al aislamiento intermitente.

Me paro a pensar en las consecuencias de mis actos, que yo vivo a mi manera pero por mi culpa hay quien tiene que soportar el rebote de mis balas de fogueo. Y es que yo nunca disparo a matar, yo no tengo acero que disparar. Solo soy un amasijo de pólvora adicto a los cambios de temperatura, que nunca se sabe en qué momento estallará.

Pienso en que, si por mí fuera, viviría en mi burbuja personal observando la vida pasar con detenimiento y sabiendo que nunca pasará nada malo que venga de mí, ni tenga que ver con mi persona. Una lástima que no pueda ser así. Me ha tocado vivir en un mundo en el que los que vamos cruzando en rojo y sin mirar hacemos que los demás se descoloquen, se estrellen, frenen, se paren, aceleren… Pero si estás en este mundo, ¿Qué menos que dejar algo en él? Una huella, un garabato en la puerta de algún baño público, una colilla en una acera, un chicle bajo una mesa… Qué más da.
Así que no me queda otra que aceptar mi existencia con todo y decirte:


Si estás aquí, que se note.

jueves, 3 de marzo de 2016

Oscura adicción...

La noche, dulce compañera del insomnio. Ay, la noche… Bendita adicción al silencio y la soledad ocasional. Uno de los placeres menos valorados y más sencillos, aquí no hay luz, no hay opiniones y el tiempo se para hasta que el sol llega con su incesante rutina. Lo confieso, soy adicto a la oscuridad y al silencio, a mis pensamientos más retorcidos que cuando llega el día pierden todo sentido, quizá asustados por la luz de otras personas, tal vez tan orgullosos que huyen del rechazo de la muchedumbre o simplemente tan míos que nunca deberán pertenecer a nadie más. La luna sabe darme la intimidad que necesito, siempre está de espaldas, sabe que no quiero que me escuche pero igualmente su presencia sigue ahí, empática y fiel a su recorrido solitario. Yo tampoco la molesto, nunca fui de mirar estrellas, sé  que están y prefiero no gastarlas con miradas indiferentes. Hay detalles en la vida que es mejor saborear de cuando en cuando, para que nuestro paladar no quede insensible a su belleza.

La noche, cobijo de mis sentimientos más íntimos, donde puedo explotar sin ser visto, sin luz, sin ruido, sin despertar a nadie. Soy yo el que está despierto mientras otros duermen, creyéndome egoísta por adueñarme de ese privilegio, de poder pensar en todo y en nada mientras las horas pasan y nadie llama al teléfono. Solo estoy yo, conmigo. Parando el tiempo en algún lugar siempre bajo el mismo techo, el guardián de mis secretos, tan fiel y honrado que no sé si los conoce, ni siquiera a mí me los contará jamás.