Resulta muy frustrante a veces escuchar opiniones acerca de un mismo tema de personas con diferentes puntos de vista. Afortunadamente, la sociedad ha avanzado mucho y podemos encontrar personas que hablen desde la empatía y desde una mirada abierta, que abarque otras realidades distintas a la suya, pero sigue sin ser lo más habitual.
Frecuentemente te topas con personas que con más o menos cariño hacia ti, te indican (en el mejor de los casos) lo que tienes que hacer porque son ellas las que saben realmente cómo solucionar tu vida. La empatía escasea y no me extraña, requiere mucho trabajo salir de tu pequeña burbuja (o quizá diminuta sería el adjetivo correcto) y tratar de entender la realidad de los demás antes de hacer un juicio o lanzar una opinión.
A mi modo de ver, es
más trabajoso que difícil, porque en realidad es algo que cualquier persona
podría hacer, pero muchas veces y por desgracia no se observan los beneficios
de una vida empática donde el lugar que deja el orgullo perdido lo ocupa
el conocimiento y el aprendizaje.
Y no quiero terminar esta reflexión sin aportar algo que transforme esta queja en algo constructivo. Aunque coexistan personas empáticas y otras de pensamiento más cerrado, al final se puede aprender de cualquiera de ellas, siempre que te armes de una visión positiva y mucha tolerancia, porque a veces incluso quien menos querría enseñarte, lo hace y quien menos pensaría que pudiese aportar algo a tu vida, también. Al final todo consiste en saber apreciar cada momento y exprimir lo que se nos ofrece a diario, que, sea cual sea tu vida, no es poco.
18 de octubre de 2021, hacía tiempo que no escribía.