Nadie habla de los malos en las historias de amor. Como si
no existiesen, como si todas las personas tendiesen a ser buenas. Craso error,
para que haya una víctima tiene que haber un culpable y para que haya personas
buenas tiene que haber personas malas que sirvan como referencia de lo opuesto.
El ying y el yang.
Nadie habla de las personas que la cagan, de los que ponen
los cuernos, de los que empiezan las discusiones, de los que no valoran lo que
tienen… Y tan humanos son como los que lo sufren.
Nuestra fragilidad, la de nuestra sociedad está condicionada
en parte por el tabú de los malos de las películas. Nadie nos enseña como
remendar nuestro errores o cómo vivir tras un fracaso, “debes hacer lo correcto”,
pero a veces lo correcto para los demás no es lo correcto para uno mismo,
entonces… ¿Qué hacer?
La respuesta es simple, haz lo que sientas. Enamórate,
llora, sonríe, odia, quiere, respeta, huye, ataca, defiéndete, destroza, déjate
ganar, avanza, cágala una y otra vez. Vive.
Tal vez te ha tocado ser el bueno de tu película, o quizá te
ha tocado ser el antagonista de tu propia historia, en cualquiera de los casos
haz lo que sientas y no lo que creas correcto pues te estarás fallando a ti
mismo y esa es la única decisión que siempre será un error en tu vida.
Quiérete.